Dios, creador de universos
Hacedor de milagros.
No es nada personal
Pero en vos no confío.
La justicia dicen,
Es tu único mandato.
Pero la tiranía
Es tu yugo.
Hay que cuidarse de la letra pequeña
En los contratos dicen.
Pero tu contrato es de dos mil páginas,
Todo en letra pequeña.
El todo poderoso,
El magnánimo,
El Alfa y
El perfecto incuestionable.
Tus errores
Son tapados por tus ovejas;
Tus victimas son divinizadas
Como mártires, como santos.
A moisés, tu fiel siervo,
Condenaste al hades
Por un mínimo error
Que cometió en su humanidad.
Talvez en tu infinita proporción del tiempo
Una vida no sea nada.
Pero una vida fue lo que os regaló
El anciano aquel de la roca del desierto.
Ordenaste a Isaac,
Soberano sádico y siniestro,
Matara a su legado,
Quemara y os lo ofrendara.
¿Hasta donde llega tu sed
Megalomaniática
Que ordenas esa clase de lealtad?
A ti, ¿quien te da el poder?
Tú, el que todo lo ve,
El que todo lo sabe el que todo lo hace;
El que se sentía solo y decidió crearnos
Para saciar su vanidad.
¿Podrías tú, dime, crear una roca
Tan pesada que tu mismo
No fueses capaz de levantar?
Responde, todo poderoso.
Si hasta tu hijo muerto
Se sintió desamparado.
¿Recuerdas lo que dijo?
“Dios mío, ¿porqué me has abandonado?”
Nos dotaste de inteligencia
Para que dudáramos de todo.
Te salió el tiro por la culata…
Tu existencia es dudosa.
Y, ¿Qué pasó con ese albedrío
Que nos prometiste?
Explícamelo, no lo entiendo,
¿En que consiste?
Tengo, la libertad de seguirte
Y el castigo si tomo otro camino.
“eres libre hijo mío, ¡de servirme!”
Ah, claro, te perdono por hacerme pecar.
Hacedor de milagros creador de universos,
Ser inverso de lo opuesto.
No es nada personal…
Pero en vos no confío.
